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 Estoy jodido, muy jodido, he de reconocerlo.
 
 Siempre tomo mi solo con hielo debajo de casa, en el bar de toda la vida, desde que nos mudamos cerca de la Glorieta de Bilbao desde la antigua Garcia Morato.
 Allí han comido, han reído, llorado y debatido mis padres y ahora yo asiduamente.
El dueño es mas que eso, es un amigo, con el que puedes charlar de cualquier cosa, siempre conversaciones interesantes.
 Y ya me lo advirtió hace no mucho: “Mira Fernando, estoy hasta los cojones de trabajar de 7 de la mañana a 12 de la noche, para que cada día te pongan mas trabas, que si esto, que si aquello. Se acabo. A mis 70 años, tengo ganas de irme al pueblo y mandar esto a tomar por culo. Así que lo traspaso”.

 Y ese día me temo que ha llegado, o no, pero el ver a tres posibles viendo la cafetería, que permanece igual que en los primeros 70 cuando abrió, hacer preguntitas sobre reformas y planes, me ha jodido, y mucho.

 Desde que llevo aquí, he visto desaparecer una vaqueria, donde se podían comprar los mejores huevos, una tienda de electrónica mítica, de las mas antiguas de Madrid, y la tienda de discos mas mítica de la movida, entre otras cosas.
Y ahora son locales y negocios sin personalidad alguna o locales muertos.
Y no me mola.

 En la calle Fuencarral, entre la Glorieta de Bilbao y Quevedo, existe una galería de alimentación, lo que se llamaba un mercado de toda la vida.
 80 puestos de pescado, carne, fruta, flores, ………. y ahora quedan 8 mal contados.
 Pero ahí permanecen, hasta que un cabrón usurero vaya al dueño del local para comprarle la superficie y montar un Carrefur, Eroski, Corte Ingles o ampliar el Zara que esta encima, o simplemente en vez de comprarlo, le prenda fuego como ya hicieron en la calle Montera o en Azca.
 Y se acabo, 8 o 10 familias mas a la puta calle, que mas da.
 Si lo importante es comprar a autómatas o convertirnos en ello, sin capacidad de raciocinio ni de charlar con el frutero o cualquier tendero sobre la mercancía o el tiempo que nos hará mañana.

 Da igual, porque la solidaridad, la amistad o como lo quieran llamar, la han asesinado, desvirtuándola de mil formas.
 Ya he dicho mil y una vez, que hay que salir de las ciudades, volver a los campos, a los pueblos, y en definitiva es eso, lo que quedaba de pueblo en las ciudades, poco a poco, se lo han cargado mientras observamos en la televisión mierdas como un piano de grande.
Y todos tan contentos.

 Pero un día, tal vez cuando sea demasiado tarde, y solo puedas hacer la compra en Zara, Mango, Carrefur, Corte Ingles, Burger King o demás, y sientas que la gente que te atiende es tan gris como su corazón, lamentes no haber puesto de ti para salvar lo que quedaba de tus raíces, de pueblo.

 Estoy jodido y creo que se nota.

 Fernando Pinto.

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