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 En 1948 la Declaración de Ginebra de las Naciones Unidas, mantiene la Ética hipocrática: “los médicos deben respetar y defender toda vida humana desde el momento de la concepción”. 
 Pero en 1969, comienza la campaña de despenalización del aborto en Europa, Francia y Estados Unidos. Con ello, además, se abre la manipulación técnica y legal de la vida prenatal, de los embriones utilizados como cosas, anulando todo la Ética médica anterior. 

 Destacará pronto en la denuncia de esta barbaridad legal, Jerôme Lejeune, médico francés (1926- 1994) descubridor, a los 32 años, de la primera enfermedad humana de causa genética: la Trisomía 21 del síndrome de Down.
 En 1962 el doctor Lejeune es “experto en genética humana” en la Organización Mundial de la Salud (OMS). En 1963 descubre otra enfermedad de origen cromosómico: el síndrome “del maullido de gato”.
 Más tarde, descubre el mecanismo de muchas más enfermedades cromosómicas, abriendo así la vía a la citogenética y a la genética moderna. 

 En 1964 es nombrado Director del Centro nacional de Investigaciones Científicas de Francia y se crea para él, en la Sorbona, la primera cátedra de Genética fundamental. Es así el candidato número uno para el Premio Nobel de Medicina, pero nunca se lo darán

 ¿Cuál fue su pecado? Ser un sincero e inquebrantable defensor de la verdad científica y de la vida humana, por encima de honores y de los fuertes intereses políticos y económicos en contra.
 El fundamento que dio en defensa de la vida humana está en una verdad científica: desde la fecundación, en el cigoto, con a penas 1.5 mm de tamaño, ya existe un ser humano.

 Lejeune tuvo la valentía y honestidad intelectual de ser claramente pro-vida frente a la creciente y poderosa marea de las fuerzas pro-aborto.
 Tenía otras dos características fuertemente odiadas por la cultura de la muerte: ser católico y ser un buen padre de familia numerosa.
 
 Además su insistente defensa de la vida y dignidad de los niños Down y de toda persona con discapacitación genética, también le atrajo la enemistad de los que son partidarios de abortar a esos niños. Se le cerraron puertas científicas y económicas. Se abatieron sobre el toda serie de calumnias y el teléfono de su domicilio sufrió por años una insistente serie de insultos (¡?).

 Cuando el Senado de Francia le pide su opinión sobre causas para interrumpir un embarazo, Lejeune, plantea un caso: Tenemos  un matrimonio donde el marido es sifilítico terciario incurable, y además decididamente alcohólico. La mujer está desnutrida y sufre tuberculosis avanzada. El primer hijo de esa pareja muere al nacer; el segundo sobrevive, pero con serios defectos congénitos. Al tercer hijo le ocurre lo mismo y se le suma el hecho de ser infradotado mentalmente. La mujer queda embarazada por cuarta vez. ¿Qué aconsejan ustedes hacer en un caso así?. Un senador socialista dijo que la única solución era practicar un “aborto terapéutico” inmediato. Lejeune hizo un largo y notorio silencio; después dijo: “Señores Senadores, pónganse de pie, porque este caballero acaba de matar a Ludwig van Beethoven”.

 En 1971, en el National Institute for Health (USA) Lejeune explicó científicamente como la existencia de todo ser humano comienza en el cigoto y que por tanto si defendían allí el aborto, “estarían ustedes transformando su instituto de salud en un instituto de muerte”.  Después de esa reunión, Lejeune le mandó un mensaje a su esposa: “hoy perdí mi premio Nobel”.
 En 1997, Juan Pablo II, en la Jornada Mundial de la Juventud de París, fue a rezar ante la tumba del que consideró su amigo, que también había sido el primer presidente de la Academia Pontificia para la Vida. En el 2007 se abrió el proceso de beatificación de este doctor, defensor de la vida y “mártir mediático” por defender la verdad científica contra el imperio de las mentiras.

Por D. Luís Fernández Cuervo.
Fuente: Unificacionistas

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