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 Lotería, primitiva, bono-loto, cupones de la ONCE, quinielas hípica y futbolística, gordos, euromillones, programas de tv en los que jugar con una simple llamada, casinos, bingos, poker, locales de apuestas, maquinas tragaperras en los bares, juego on line a través de internet…
 Todo esto te rodea a diario.
 ¿Y te escandalizas porque pongan EuroVegas en Madrid o parques temáticos de juego en Tarragona?
 ¿Sabias que la primera empresa en beneficios de España es publica aunque se quiera privatizar por trozos y se llama Loterías y Apuestas del Estado?
 Y aun te sorprende que los políticos se rían de nosotros.

 Quizás te de igual, por que nos han llevado a tal grado de gilipollez y de esclavitud, que seas de los que piensen que el único camino de escape es hacerse rico, mientras que no te das cuenta que la autentica felicidad no viene del dinero, sino del Amor.
 El Amor mueve montañas, cura el Alma y hace feliz a tu corazón.
 Solo eso, y no mil burdeles de luces parpadeantes conseguirá que espabiles y te des cuenta que la vida es un regalo cuyo único fin es el amar y ser amado.

 Yo no vengo a dar clases a nadie, no he estudiado carreras llamativas cuyos títulos sirven para decorar las paredes tristes y vacías.
 He aprendido, por que la vida es eso, aprender cada día por uno mismo, de las maravillas que te rodean.

 Hace bien poco me ha llegado una carta.
 Una carta en la que si bien te conmueve la historia que su tinta cuenta, te hace ver, que dentro de la negritud que te rodea, hay una esperanza inmortal.
 Permitanme que me guarde para mi, nombres y detalles de tan magnifico interlocutor, por que solo él, ahora yo, y espero que todos ustedes, tomen conciencia de lo que han hecho con este país.

 “…Ahora me limitare a lo vivido por mi, en primera persona.

 Yo era y soy jugador compulsivo.
 Era entrar a cualquier bar, estuviera solo o acompañado por amigos, y volverse mi atención únicamente a las maquinas tragaperras.
 Me podía pasar horas metiendo monedas, cambiando una y otra vez en la barra los billetes de 5000 pesetas. No existía nada mas.
 Cuando sonaba el teléfono llamándome mi novia, me encabronaba, no paraba de poner mil y una excusas para ausentarme de su lado, para no responderla.
 Ni a ella, ni a mis padres.

 No se cuanto tiempo duro aquella etapa, porque cuando estas metido de lleno, te da igual todo y el tiempo no existe, solo reaccionas cuando llega la hora de cierre del local de turno y maldices a la persona que te toca en el hombro para decirte que marches ya, y que hasta mañana.
 Tenia mas empatía por los dueños y la gente que trabajaba y frecuentaba aquellos garitos que por mi mismo, por mis amigos o mi familia.

 Ya te digo, no se cuanto tiempo duro aquello, quizás 6 meses, hasta que se agotaron los 2 millones de pesetas que tenia en la cuenta y el préstamo que pedí.
 En total, casi 4 millones se fueron en ese tiempo.
 Y te da igual todo.
 Yo tuve la suerte de no tener cargas familiares en aquella época, solo era yo la carga para mis padres, aunque en ese tiempo no te das cuenta de nada.

 Y no había de donde sacar, ya no había donde rascar, el banco me reclamaba los pagos de los recibos del crédito mientras mi novia fue lista y me dejo, mis amigos me dieron de lado y mi familia no tenia ni puta idea de que tenia un psicópata como hijo.

 No me quedo otra que robar a mis padres los pocos ahorros que tenían en casa, pero no para afrontar los recibos del préstamo, eso a mi me daba igual, si no para seguir jugando, seguir alimentando el monstruo en el que me había convertido.
 Me podía tocar en un mismo día casi 100 mil pesetas en premios y perder 120 mil pesetas esa misma tarde.
 No quería hacerme rico, aunque esa fuera mi primera finalidad al principio de jugar, era saciar mi hambre, era ver las miles de luces parpadeantes a mi alrededor, las musiquitas de las maquinas que me acompañaban.

 Y llego lo inevitable, aunque para mi, egoistamente, fue la salvación.
 Una noche, llegue medio borracho a casa, no recuerdo la hora con exactitud, serian las 11 de la noche mas o menos.
 En mi cuarto, estaba esperándome mi madre, con cara de pocos amigos, por no decir otra cosa.
 Me sentó a su lado y me pregunto por el dinero que faltaba, por las múltiples llamadas de la sucursal bancaria preguntando por mi, por las llamadas del trabajo. Por todo.

 Tuve la poca hombría que me falto en su momento para confesarle todo.
 Y siento tanta pena ahora por su sufrimiento de entonces, que me duele el alma.

 No recibí otra cosa que su Amor, el de mi padre y el de toda la familia.
 Me acompañó lloviera, nevara, hiciera viento o estuviese mala, sábado tras sábado a una reunión de ludopatas en una pequeña sala prestada por el párroco de una iglesia en las afueras de Madrid.
 Yo entraba en una sala junto con otros jugadores como yo y ella, entraba en otra, en la que se contaban todas las miserias en las que habían caído gracias a los miserables de sus hijos, maridos, padres.

 Fueron días duros, de volver a casa en metro y contemplar sus ojos vidriosos.
 No se cuanto tiempo duro aquello, algo mas de un par de años, al que no dejamos de faltar sábado tras sábado, salvo 3 o 4 semanas al año por Navidad y mes de agosto.

 Unos llegamos allí por las maquinas recreativas (Curioso seudónimo para definir tales cosas), otros por dejarse tanto o mas dinero como yo en los bingos, en casinos, en el poker.
 Algunos iban de rebote tras intentar suicidarse por distintos medios, acabando en el 12 de Octubre o en La Paz en departamentos de psiquiatría para remitirlos a aquella sala fría de la parroquia, la única reunión en la que tenían esperanza los facultativos de aquellos hospitales, porque estaba dirigida por alguien que nos conocía bien, un ludopata jugador de mierda como nosotros, con su mujer dirigiendo -es un decir- la reunión de los otros.

 Menuda mierda.
 Un día no cabíamos en la sala y al otro eramos cuatro.
 Los que faltaron la semana anterior o era porque ya se creían curados o ya habían recaído o tuvieron dos dedos de frente y abandonaron su vida detrás.
 Duraba hora y media la “terapia”, en la que comentábamos nuestra vida, nuestras ruinas de vida, en la que oíamos los llantos de los otros, o soltábamos nuestros llantos ante tanta inmundicia.
 Fue duro.

 No se lo que sera de la vida de ellos, mis compañeros de fatiga, espero que salieran con buen pie la mayoría o por lo menos, con las mismas ganas de volver a jugar como las que yo salí, con ninguna.

 Y al principio, estaba convencido de dejarlo por los de al lado, por mi familia, pero después de ver los sacos rotos que caían una y otra vez una vez dejaban la terapia, te das cuenta que si, que al principio lo haces por ellos, pero después, y mas importante, por ti.
 Por que no hay nada mas importante que tu mismo, y cuando has estado en las cloacas, te das cuenta de todo el daño que te has hecho a ti, y a los tuyos.

 Yo tuve suerte, y ahora puedo decir que vivo.
 Pero echando la vista atrás y viendo lo que le viene encima a este país, he de confesarte que tengo terror por lo que nos están haciendo.

 Estamos rodeados,es curioso que lo diga un ludopata como yo, por todos los medios del juego.
 En televisión, en radio, en revistas, en la calle. Todo es un continuo bombardeo para que apuestes tu poco dinero que tienes haciéndote creer que ganaras siempre, desperdiciando la adrenalina de tu cuerpo en sueños imposibles, vendiéndote quimeras.

 Y lo malo es que ese juego nos lo imponen desde pequeños en la escuela, con la competitividad, haciéndonos creer que somos los mejores y que podemos ser felices cuanto mas dinero tengamos, y hemos de conseguirlo mediante cualquier fin.
 Y ese fin, el mas cercano que nos presentan, es mediante el juego.

 No se lo que pasara ahora, porque cada día es mas difícil salir de esa cloaca en la que te metes, en la ludopatia, con el EuroVegas y locales de apuesta en cada esquina.

 Yo tuve suerte, me toco el tiempo de adoctrinamiento, y pude salir adelante.”

 Fuente: Veo Visiones.

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