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Bueno, pues daré mi opinión sobre el programa de Cuarto Milenio sobre los chemtrails:

¿Para que te vas a Zamora, si sobre tu cabeza están plantando un pino!

Eso es todo.

Porque no hubo más, todo basado en las estelas permanentes sobre la provincia de Zamora, -creo recordar- como si desde tu ventana, como hoy, a… estas horas, en Madrid, hoy se aprecia un cielo azul radiante y mañana, con las mismas condiciones atmosféricas, o dentro de dos días, -porque si amigos, estos lindos pilotos que fumigan también tienen derecho al descanso, y se tiran unos días sin manchar nuestros suelos, o les mandan a otras zonas, que también tienen derecho- hay aviones que pierden aceite y manchan los cielos.

Vamos a ver, el arte de fumigar, -porque son unos artistas dibujando figuras imposibles sobre nuestras cabezas- se lleva haciendo desde los años 70, -aunque el otro día me sorprendí mismamente yo mismo, observando las últimas escenas de la película “Un trabajo en Italia”, bien conocida por todos o la mayoría de nosotros, que en las últimas escenas, cuando ya están apuntito de llegar a la frontera y salir de Italia, enfocan al cielo, y ¡Tachaaaaan! Si, un chemtrail, o una estela química, o como ustedes les guste llamarlo, o lo llaman, o se lo creen.- llevando a cabo experimentos de distinta “índole”.

Estos experimentos, más evidentes en pruebas al principio, ya que la tecnología por la que se fumigaba era más ostentosa al llegar al suelo, se han ido perfeccionando y aumentando las estructuras mediante las cuales esta permanencia de las fumigaciones, permanece, no, es más liviana y dura más, aumentando sus efectos.

Pero el “porque” fumigar.
Porque nos van a fumigar, porque a “los que fumigan” les causaría los mismos daños que al resto de la población, pensaran ustedes.

Y tienen razón, en parte. Y aquí, en este preciso momento, entramos los llamados “conspiranoicos”, los tarados, los flipados, los locos.

“Súper población”, frase que empezó acuñar la ONU y TODAS las organizaciones de su madre y de su padre, que recibían dinero de la ONU y demás organizaciones satélites.
Según esta premisa, y esto va a misa según la ONU, el ser humano es el causante de que haya guerras, de que haya hambre, de que haya cambio climático, de que haya pobreza, por su excesivo número.
Y en parte, tienen razón.
Pero da la casualidad de que el hombre nace, digamos, libre, sin odio, y es la sociedad, las industrias, los gobiernos, los que cogen a ese hombre recién nacido, y lo reeducan, para sufrir, hacer sufrir, y crear sufrimiento.

Hay guerras por culpa de los “gobiernos”, hay pobreza por culpa de las “industrias”, hay hambre también por culpa de las “industrias” y “gobiernos” y hay el llamado “Cambio Climático” o “Efecto Invernadero” o como gusten llamarlo, para beneficio de esas “industrias” y de esos “gobiernos”.

No es efecto de una súper población que crea conflictos, es efecto de los que crean esos conflictos en nombre de la “súper población”.
¿Qué fue antes, la gallina o el huevo!

Desde esa PREMISA, la “súper población, la ONU (Y todas y cada una de las….. BLA-BLA-BLA, BLA-BLA-BLA) da inmensas cantidades de dinero a sus satélites (Gobiernos, Organizaciones, Empresas, …) para que esa premisa, sea ley, para crear conciencia en la población de que si fuéramos menos, no habría guerras, enfermedades, hambre, pobreza ni cambio climático.

INMENSAS cantidades de dinero (Y aquí entraríamos en el dinero ficticio, o el porqué se han de destruir las monedas nacionales, pero ese es otro tema, aunque no, es el mismo, como digo siempre, todo está unido), dinero, que no existe.

Pero volvamos a lo de la gallina y el huevo.

Se empezó a fumigar para crear enfermedades, pobreza, guerra, hambre o cambio climático, ¿en primer lugar?, ¿En quinto lugar?…. Da igual. Se empezó a fumigar.

Las primeras fumigaciones eran experimentos para inocular enfermedades, virus desconocidos, experimentación en seres humanos.
Y eran llevadas a cabo por aviones del ejército, -aunque sus pilotos, tengo la esperanza de que no tuvieran ni puta idea de lo que hacían- desde bases militares, de bases de americanas en su propio suelo o en bases en suelo ajeno. Vamos, en su mayor parte, en bases OTAN.

Pero claro, -ya digo que no se sabe si antes fue la gallina o el huevo- todo experimento, toda dirección, tiene sus fases, que van subiendo de nivel.
Y todos esos experimentos, tienen unos beneficios, en este caso, pongamos, el mito de la “súper población”.
Se investiga, se va investigando y se van dando cuenta de que por medio de “otros” cauces unidos a los anteriores, pueden crear o modificar un…. “algo”.
Pueden crear sequias, pueden crear enfermedades, pueden descubrir que mediante, digamos, antenas, pueden amplificar los efectos, y conseguir las metas más rápidamente.

Por supuesto toda esta tecnología, es escondida a la opinión pública.
Y para esconder esta tecnología a la opinión pública, a ti y a mí, pues es preciso crear conciencia, campañas, adoctrinamiento, respuesta por parte de la población, -porque no nos engañemos, el dinero o el poder, es el leitmotiv por el que se rigen, más dinero, más poder- a través del sufrimiento, a través de la angustia, a través del miedo.

Utilizando esa tecnología se crea sequias, y con ello, hambrunas, con ello, pobreza, con ello, guerras, y como causante de todo, el cambio climático.
Pero cuidado, para recibir el dinero, las donaciones de la población ante tanto horror, para saciar suuuu, “solidaridad”, hemos de tener organizaciones a pie de calle creadas, financiadas por “nosotros” que no son otros, que “ellos”.
Y si no las hay, se crean.
Eso sí, todas regidas desde la primera premisa.

Si mediante fumigaciones a base de metales, lo acompañamos de ondas magnéticas provenientes de antenas, creamos barreras para evitar el paso de frentes de precipitaciones.
Pero también, creamos modificaciones de esos frentes, podemos multiplicar sus efectos.
(Y a pocas palabras, bastan).

Si mediante fumigaciones a base de metales, lo acompañamos de ondas provenientes de antenas, intensificando, digamos, su altura o su peso, y elevándolas en fracciones de tiempo cortas sobre una zona, y las dejamos caer, se crea una presión sobre esa zona, que ha de buscar una “salida”.
(Y a pocas palabras, bastan).

Si mediante fumigaciones de virus creados en laboratorios, creamos nuevas enfermedades, o variamos su toxicidad, pues ahí, hay dinerito.
(Y a pocas palabras, bastan).

Y si esos virus o esas modificaciones no funcionan, no te preocupes, porque quien tiene el dinero tiene el poder, enganchamos a la gente a nuestras tecnologías, para que no piensen, para que no se hagan preguntas.
Y cuando se las hagan, ahí estaremos “nosotros” para dar una respuesta, respuesta basada siempre, en la primera premisa.

Vamos a ver, ya hablando claro, en que cabeza humana cabe que no se pueda acabar con el hambre, con la pobreza, con las guerras o con SU llamado cambio climático.
Tienen toda la tecnología del mundo, todo el poder del mundo, y no terminan con ello.
Pero precisamente por eso, porque tienen todo el poder del mundo, mueven voluntades, compran conciencias, y pagan Judas para defender, para defenderse.

Solo son conocidos los estudios que son financiados por “su” dinero. Solo.
No le cabe a la gente en la cabeza, que por arte de magia, de la noche a la mañana, salga un estudio científico, con científicos detrás, desmoronando todas las teorías de “ellos”.
Enseguida la gente te dirá: ¿Muéstrame esos estudios” ¿Quiero ver esos datos? ¿Quién ha pagado esa investigación? ¡Lo que dices es mentira, no me lo creo!

Es así de triste.
Todo el que se sale del guion, ya tiene su san Benito, ya la ha cagado, no tiene credibilidad ninguna, es un anti demócrata, un conspiranoico, un loco, e incluso, un egoísta, porque no “mira el bien común”.
“Bien Común”, que es el impuesto, es lo políticamente… “correcto”.

Yo quiero crear una organización no gubernamental que ayude…. no sé, a los niños de Senegal.
Vale, la creo, pero tengo que atenerme a los mandatos, a las leyes internacionales impuestas, y seguir sus directrices.
No puedo irme a Senegal, a una aldea, a curar un niño, pongamos de sarampión, utilizando terapias alternativas, mediante hierbas, mediante métodos que años y años han hecho los naturales del lugar, tengo que atenerme a curarles mediante medicamentos.
No puedo criar animales que se alimenten de la naturaleza en Senegal, cuidado, has de criar animales que se alimenten de los productos creados, modificados por el “hombre”.
No puedo enseñar a plantar, arar, sembrar semillas en Senegal, en una aldea perdida, por una organización creada por mí, porque esas semillas han de ser especiales, que modificadas genéticamente, sean capaces de dar sus frutos aunque me pongan barreras artificiales para impedir los monzones, semillas, que por supuesto, han de ser pagadas y plantadas de por vida.

No puedes hacer nada de eso si vas por libre, sencillamente, porque no recibirás ayuda ninguna, porque no te atienes a la primera premisa de la madre ONU, que es la que reparte el percal.

Puedes unirte a organizaciones y mitigar tu conciencia dando caramelitos, pero no puedes solucionar un problema de por vida, porque en ese momento, se les acaba el chollo.

Esta es mi opinión sobre los Chemtrails, sobre el programa Cuarto Milenio y sobre sus tertulianos.
Y encima, me muerdo la lengua.

Es mi opinión, basada en evidencias que nunca verán la luz. O quizás, si.

Fernando Pinto.

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